Cuando está fuera extraña “mis hijos, mi país y mi finca con mis toros y mis becerritos”

Antes de convertirse en “príncipe”, Frank Reyes llegó a pedir hasta 25 centavos para comer, durmió en un “colconchito” en una casa abandonada y pasó tiempos difíciles en la capital dominicana hasta trabajar en un colmado en el sector Herrera. Un día, a los 12 años, salió de su casa en un campo de Tenares decidido a triunfar: “Yo le dije a mi papá: yo seré grande, lo mío es la música y me fui en contra de él”.

De esos primeros años en la capital a veces siente nostalgia y en varias ocasions ha ido en su vehículo hasta Buenos Aires de Herrera, donde todavía está el colmado Popular en el que trabajaba de dependiente. “Hay días que he cogido mi vehículo y me voy y paso para ver el colmado”.

Hoy el lugar comercial no es el mismo porque ya ha pasado por diferentes dueños, pero la historia de Frank quedó plasmada allí. Es ahí donde comenzó todo y él se transformó en “Príncipe”, gracias al apoyo de otro hombre que nada sabía de la música y que se atrevió y arriesgó su dinero como empresario y disquero: Genao Lara.

“Se fue mi amor bonito” y “Vine a decirte adiós” fueron temas que hicieron la zapata para que luego pudieran recibir el disco “Mi reina”, y con él la pegada de un bachatero que se ha mantenido en el gusto de la gente con sus altas y bajas.

Su primera fiesta contratada fue en Higüey, donde le pagaron 10 mil pesos, en los 90. Años más tarde llegó como el primer bachatero en cantar en Altos de Chavón, en 2006, y a presentar el primer concierto de bachata sinfónica en el país (hotel Jaragua), en el 2002.

“El Príncipe” ha asumido su título y lo hace porque “el público quiere ver un artista en escena, no a cualquiera”. Sin embargo, eso no tiene nada que ver con la palabra prepotencia, o privanza. Reafirma que hoy más que nunca es un hombre humilde, que disfruta de las pequeñas cosas, así como del amor de sus fanáticos, sin olvidar sus orígenes, por eso pasa sus días en su finca, si no está cantando. “Si yo no estuviera aquí, estuviera en la finca sembrando plátanos y yuca”, dice mientras sonríe.

A VECES SIENTE NOSTALGIA
Tras 20 años de carrera es mucho lo que Frank Reyes, puede decir. Él, sentado en la silla del salón donde se le entrevistaba, recordaba cada momento que vivió antes de ser “El Príncipe” que hoy día es. Confesó que no es rico, aunque sí tiene lo necesario para vivir y ayudar a su familia.

Dos de sus hermanos están con él en la orquesta y cree que tal vez alguno de sus 5 hijos herede la vena artística de su padre.

De sus progenitores recuerda que fueron dos personas trabajadoras y serias, que vivían para el campo y la tierra. “Recuerdo ese día que yo estando con mi padre arando la tierra le dije: papá yo tengo que ser rico y famoso para no hacer esto”, dijo.

Ese amor por la tierra, el campo y los animales se mantiene. Sus días fuera de trabajo en tarima o compromisos artísticos los pasa en su finca. De hecho, forma parte de sus añoranzas cuando está de gira por el extranjero. Cuando está fuera del país, afirma, extraña “mis hijos, mi país y mi finca con mis toros y mis becerritos”.

Su ganado especial está en unas 1,300 tareas de tierra levantada en su pasto. La carne la comercializa y es otra forma de invertir los recursos generados por la bachata y su talento musical.

Frank Reyes encierra una historia motivadora que puede ser ejemplo para muchos jóvenes de hoy día. Determinación, perseverancia y confianza en él, fueron palabras que le ayudaron a lograr la meta: ser un gran artista.